Un día te despiertas sonriendo, contento, con ganas de comerte el mundo, pero el mundo termina por comerte a ti. Te acuestas desganado, triste, apático.Te sientes solo aunque estés rodeado. Quieres y no puedes.
Un día te despiertas nauseabundo, adormecido por la falta de sueño, cansado, asqueado y con ganas de no enfrentarte al mundo. Pero lo haces. Y sales a delante. Te sientes reconfortado y tranquilo. Pero no victorioso.
Un día te despiertas atontado, embobado y sin saber muy bien que hacer. Y el mundo te imprime, de golpe y porrazo, un día frenético, agobiante y caótico. Te gusta. O no. Pero no es lo que esperabas.
Se truncan tus expectativas, tus plantes, tus pensamientos. A veces para bien y otras para mal. Pero no te quejas. Asumes, aceptas.
Y es que la vida es esto mismo. Es un ir y venir de acontecimientos que nos hacen torcer nuestro rumbo. Momentos en los que todo se junta y parece que no puede ir peor y termina yendo peor. O todo lo contrario. Momentos de máximo esplendor que se ven alterados por un bienestar aun mejor.
Pero no con esto estoy descartando de la vida lo cotidiano, lo intermedio y lo puramente diario. No. Solo resalto lo diferente. Lo chocante. Todo aquello que nos hace sentir vivos. Que nos duele o nos complace. Que nos gusta o nos asquea. Que deseamos y odiamos. Todo aquello que nos obliga a ser más personas, a implicarnos más en nuestra propia realidad y que nos hace ver, aunque sea por unos instantes, un mundo real, diferente al que estamos acostumbrados pero real. Un mundo con el que convivimos sin ser conscientes. Un lugar frío e inhóspito. Un sitio cálido y acogedor.
Y todo depende de con que lente miremos a nuestro alrededor.
What a Wonderful World & Nobody Knows the Trouble I’ve Seen – Louis Armstrong



