
Mirar atrás es un ejercicio poco recomendable hoy en día. Y es que tal y como están los tiempos más nos vale no ponernos nostálgicos y anhelar aquel tiempo pasado que fue mejor. No lo digo por ser catastrofista, ni tampoco lo expreso como rendición ante esta crisis mundial que ahora nos parece insuperable. Tal vez lo diga porque he cometido el error de mirar atrás he mirado atrás.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar
Esto decía Machado, versos que después cantaría Serrat. Y cuanta razón tenía uno al versarlo y el otro al cantarlo. “Golpe a golpe, verso a verso…” No es malo lo andado, todo lo contrario, el camino ya recorrido es increíblemente bonito y enriquecedor. Pero forma parte del pasado. Y de lo ya vivido, uno no puede vivir. Tendemos a tenerle miedo al futuro, al cambio, a lo diferente y desconocido hasta el momento. Adoptamos una postura defensiva ante todo aquello que se sale de la norma, ante todo aquello que no sigue el camino que creíamos debería haber seguido. El recelo se apodera de nosotros ante una senda tortuosa aunque llena de posibilidades. Pero en el fondo sabemos que debemos seguir. Y lo hacemos. Eso sí, nunca cerramos puertas a nuestro paso. Preferimos dejar por abrir algunas de las que se nos cruzan por delante antes de dar portazo a aquellas por las que ya hemos pasado. Suerte que funcionamos así. De este modo no perdemos nuestras raíces. No abandonamos nuestras costumbres y tampoco dejamos en el olvido aquello que, ahora caduco, en su tiempo fue toda una revolución. Y es que a veces es mejor hacerlo así. O tal vez no. Tal vez nuestra historia es cíclica y repetitiva por esta mala costumbre del ser humano. Pero que más da. Nos gusta guardar lo olvidado pero, procuramos recordarnos que de poco sirve mirar atrás.



